Diferentes artes y oficios han estado y están intimamente ligados al devenir y a la configuración de la Semana Santa Villarrobletana.

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ARTE Y CULTURA DE SEMANA SANTA EN VILLARROBLEDO

LITERATURA:

El padre José María Fernández (siglo XIX)

Villarrobletano, canónigo de la Catedral de Orihuela y activo promotor eclesiástico en el Villarrobledo decimonónico, su labor referente a la Semana Santa local ha pasado a la historia por su capacidad artística y promocional, relacionada con la veneración del cristo de Moharras.

En su libro Decacorde (1914) narra un supuesto milagro ocurrido en 1852, cuando sólo contaba con 12 años, con el que se dio término a una larga sequía que asolaba la población.

Tremendamente devoto del Cristo de Moharras, promovió la elaboración de grabados del Santo conservándose todavía alguno en la población en una temprana aplicación de técnicas de promoción del culto y librillos de poesías.

Alabanzas al cristo de Moharras,
fervorosos cantemos los vecinos
de Robledo de la Vega y los pristinos
instrumentos de cítaras, guitarras
pulsemos bajo las hogueras y las parras
que sombrean nuestros patios granadinos.
Recordemos, piadosos peregrinos,
como (rompiendo de Satán las garras
que agostando los campos con sequía
nos llenaba de angustia y de tristeza)
partimos muchedumbre muy devota
y trayendo a Jesús en romería.
El agua nos envió con tal largueza
que la cimbria celeste creíase rota.

 

Santísimo Cristo de los Mártires

¿Quién es aquel Caballero
herido por tantas partes,
que está de expirar tan cerca,
y no le socorre nadie?

«Jesús Nazareno» dice
aquel rétulo notable.
¡Ay Dios, que tan dulce nombre
no promete muerte infame!

Después del nombre y la patria,
Rey dice más adelante,
pues si es rey, ¿cuándo de espinas
han usado coronarse?

Dos cetros tiene en las manos,
mas nunca he visto que claven
a los reyes en los cetros
los vasallos desleales.

Unos dicen que si es Rey,
de la cruz descienda y baje;
y otros, que salvando a muchos,
a sí no puede salvarse.

De luto se cubre el cielo,
y el sol de sangriento esmalte,
o padece Dios, o el mundo
se disuelve y se deshace.

Al pie de la cruz, María
está en dolor constante,
mirando al Sol que se pone
entre arreboles de sangre.

Con ella su amado primo
haciendo sus ojos mares,
Cristo los pone en los dos,
más tierno porque se parte.

¡Oh lo que sienten los tres!
Juan, como primo y amante,
como madre la de Dios,
y lo que Dios, Dios lo sabe.

Alma, mirad cómo Cristo,
para partirse a su Padre,
viendo que a su Madre deja,
le dice palabras tales:

Mujer, ves ahí a tu hijo
y a Juan: Ves ahí tu Madre.
Juan queda en lugar de Cristo,
¡ay Dios, qué favor tan grande!

Viendo, pues, Jesús que todo
ya comenzaba a acabarse,
Sed tengo, dijo, que tiene
sed de que el hombre se salve.

Corrió un hombre y puso luego
a sus labios celestiales
en una caña una esponja
llena de hiel y vinagre.

¿En la boca de Jesús
pones hiel?, hombre, ¿qué haces?
Mira que por ese cielo
de Dios las palabras salen.

Advierte que en ella puso
con sus pechos virginales
una ave su blanca leche
a cuya dulzura sabe.

Alma, sus labios divinos,
cuando vamos a rogarle,
¿cómo con vinagre y hiel
darán respuesta süave?

Llegad a la Virgen bella,
y decirle con el ángel:
«Ave, quitad su amargura,
pues que de gracia sois Ave».

Sepa al vientre el fruto santo,
y a la dulce palma el dátil;
si tiene el alma a la puerta
no tengan hiel los umbrales.

Y si dais leche a Bernardo,
porque de madre os alabe,
mejor Jesús la merece,
pues Madre de Dios os hace.

Dulcísimo Cristo mío,
aunque esos labios se bañen
en hiel de mis graves culpas,
Dios sois, como Dios habladme.

Habladme, dulce Jesús,
antes que la lengua os falte,
no os desciendan de la cruz
sin hablarme y perdonarme.

Félix Lope de Vega y Carpio, A Cristo en la Cruz.

 

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