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CRISTO YACENTE |
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La advocación al Cristo Yacente, con el nombre tradicional de Santo Entierro, es tan antigua como la Semana Santa de Villarrobledo y sus Cofradías, aunque las imágenes que lo han representado han sido muy variadas a lo largo de la Historia. Tanto que sólo podemos seguir la evolución de los últimos años. Previamente a la Guerra Civil existía una imagen del Cristo Yacente de la que apenas se tienen datos y, tras su desaparición en la contienda, se procedió a su nueva construcción encargada al escultor local Jesús Castellanos en la década de 1940. Posteriormente se encarga una nueva imagen, esta vez a un imaginero valenciano: Vicente Tena Cuesta. La nueva imagen acaba siendo galardonada con un Premio Nacional de Escultura. Pero la imagen de Castellanos no queda postergada sino que pasa a la Semana Santa de la localidad vecina de Balazote, donde se puede admirar hoy en día. El monolítico trono de Castellanos completa un conjunto de extraordinaria belleza y de gran peso. Pero la imagen, dada su advocación y solemnidad, no está destinada a frívolos alardes y destaca más por el esfuerzo de sus anderos. Originariamente era llevada a costal a fin de no quitar protagonismo a la imagen, pero su gran peso (en torno a los 50 kilos por persona) y la incomodidad de este porte provocaba numerosas lesiones a los costaleros que optaron por llevar el Cristo en andas, aliviando su transporte y agilizando la Procesión del Santo Entierro en la que participa. |